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CAMPAÑAS ADICAE > ADICAE por un nuevo modelo social de Cajas de Ahorro que mejore los derechos de los impositores y consumidores

El fracaso de la bancarización de las cajas exije cambios

La bancarización de las cajas de ahorros ha pervertido cualquier pequeño atisbo de crear unas entidades mínimamente sociales. Durante los últimos años, las cajas de ahorros han funcionado como la peor versión de los bancos tradicionales, amparadas por una “obra social” y un régimen de funcionamiento tenido por “democrático” pero totalmente manipulado. Así, las cajas han crecido sin una personalidad financiera propia que las distinguiese de los bancos, entrando en el juego de la especulación. Ahora están pagando las consecuencias. “Reestructurar” las cajas puede terminar con la reorganización del mapa de cajas de ahorros. Es necesario que las cajas que sobrevivan a esta purga den un giro completo a su actuación en todos los ámbitos.

Los préstamos sin condiciones a promotores y todo tipo de tinglados empresariales, y la concesión de préstamos y créditos abusivos a familias han sido el negocio que ha sustentado el crecimiento de las Cajas de Ahorros, hasta representar más del 50% de los activos de nuestro sistema financiero. De las más de 40.000 oficinas de entidades de crédito (instaladas sin responsabilidad y con el dinero de las capas populares), casi 25.000 pertenecen a las cajas de ahorros. Sin embargo, este desarrollo se ha concentrado en aquellas regiones donde ha florecido el boom inmobiliario. Teniendo en cuenta su naturaleza, es un contrasentido que las cajas de ahorro hayan sido las campeonas en financiar este irresponsable negocio que tanto perjuicio está causando a nuestra economía y, mientras tanto, el sector industrial o determinadas zonas del territorio se desertizan económicamente.

Las flagrantes contradicciones de las cajas les pasarán factura

No cabe duda de que es una perversión intolerable que nuestras cajas hayan financiado indiscriminadamente a empresas insostenibles, a políticos de dudosa catadura, a clientes poderosos para que realicen operaciones en paraísos fiscales que al mismo tiempo comercializasen con malas artes productos de ahorro complejos y arriesgados entre los pequeños usuarios; e impusieran exigencias, cláusulas abusivas y garantías desproporcionadas a consumidores que solicitan un préstamo para adquirir su primera vivienda, o a inmigrantes y jóvenes que quieren emprender un negocio que mejore su situación económica. De este modo, las cajas han renunciado a ejercer el papel que tienen encomendado y a convertirse en la clave de un tipo de agente financiero transparente y democrático e impulsoras de un modelo productivo que primase el buen trato al cliente, la creación de riqueza y empleo social, económicamente sostenible.

Han aceptado el juego especulativo perjudicando a muchos clientes

Y es que a las cajas de ahorros les ha sentado muy mal la globalización financiera, de la que han copiado los peores modos, azuzados por una casta de políticos y tecnócratas que han copado el poder para su propio interés. Sin duda, la muestra más elocuente de su proceso degenerativo lo tenemos en su aceptación de las reglas de juego especulativas que les ha ofrecido el mercado financiero global. Las cajas de ahorro se han convertido en nuestro país en correas de transmisión de un modelo que apostó por el negocio fulgurante y arriesgado en detrimento del productivo. No han dudado en acudir al endeudamiento en los mercados financieros exteriores, aprovechando los bajos tipos de interés, dando así un giro absoluto a su operativa tradicional, que se basaba en escaso o nulo endeudamiento interbancario, aunque el crecimiento fuera más modesto.

Un "NO" rotundo a un rescate incondicional si no hay cambios que favorezcan a los usuarios y petición de responsabilidades para los gestores nefastos y muchas veces corruptos

No cabe duda de que el mapa de las cajas de ahorros va a reestructurarse. Muchos hablan de la “privatización” de las cajas, dejándolas en manos de Consejos de Administración “expertos” en la gestión financiera. Pero ya conocemos el despotismo con el que funcionan estas castas empresariales. A estas alturas en que la crisis está demandando nuevos modelos sociales y mayor democratización para una economía que ha funcionado a su antojo, no es la mejor solución. Lo que tiene que cambiar de verdad es el modelo de negocio y el trato a la clientela: más abiertas, más sociales y democráticas.